Así que el Dios Todopoderoso, conociendo el deseo de su corazón, lo volvió un hombrecillo más pequeño que un pulgar. De esta forma vería "su pagoda" alta y quedaría satisfecho. Y así fue: El hombre disfrutaba de la vista que desde allí tenía.
Pasaron días y todos se preguntaban a dónde había ido, qué había pasado con él. Lo buscaron pero jamás lo hallaron. Así que, cansados los gigantes, detuvieron el trabajo y determinándolo en reunión, decidieron deshacer aquella construcción que tan malos recuerdos les traía de su persona.
Durante el proceso de demolición, Aladino caminaba por el área y de pronto notó como rocas comenzaban a caer y sonidos fuertes de como si se golpeara la pagoda era lo que percibía. Y sin darse cuenta, una gran piedra vino sobre él aplastándolo y haciendo un agujero muy profundo en el suelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario